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Meditación y plegaria de S.S. Juan Pablo II a San José y al Beato Andrés Bassette (Basilica de la Congregación de la Santa Cruz, Montreal, Canadá, 11 de septiembre de 1984)
San José, contigo y por ti bendecimos al Señor. El te escogió entre todos los hombres para ser el casto esposo de Maria, para estar cercano al umbral del misterio de la maternidad divina, y, después de Ella, acogerlo en la fe como obra del Espiritu Santo.
Tú diste a Jesús una paternidad legal en la linea del tronco de David.
Tú velaste continuamente sobre la Madre y el Hijo con amoroso cuidado, para asegurarle la vida y permitirle cumplir su destino.
Jesús, el Salvador, se dignó someterse a ti como a un padre, durante su infancia y adolescenscia, y recibir de ti el aprendizaje de la vida humana, mientras que tú compartias su vida en la adoración de su misterio.
Tú continuas a su lado.
Sigues protegiendo a toda la Iglesia, la familia que nació de la salvación de Christo.
Protege especialmente a este pueblo canadiense que se ha puesto bajo tu protección.
Ayúdale a acercarse al misterio de Cristo con las disposiciones de fe, sumisión y amor que fueron las tuyas.
Fijate en las necesidades espirituales y materales de todos los que recurren a tu intercesión; en particular de las familias y de los pobres de toda clase de pobrezas: por ti ellos están seguros de alcanzar la mirada maternal de Maria y la mano de Jesús que les ayude.
Y tú, hermano Andrés bessette, portero del colegio y gardián de este Oratorio, abre a la esperanza a todos los que continuan invocando tu ayuda.
Enséñales la confianza en la fuerza de la oración, y, con ella, el camino de la conversión y de los sacramentos.
Que por ti y por San José, Dios continúe prodigando sus beneficios sobre la congregación de la Santa Cruz, sobre todos los que frecuentan este Oratorio, sobre la ciudad de Montreal, sobre el pueblo de Quebec, sobre todo el pueblo canadiense, sobre la Iglesia entera.
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